TALLER DE ORACIÓN

La oración cristiana es la relación personal y viva con Dios Padre, con su hijo Jesucristo, con el Espíritu Santo y con la Virgen María. La oración es la elevación del alma a Dios o la petición de su intersección en la tierra según su voluntad.

 

Desde el antiguo testamento ya nos llegan distintos modos de orar, como los de Abraham o Moisés. Abraham camina en la presencia de Dios, le escucha y le obedece. Su oración es una lucha de la fe porque aún en la adversidad, él sigue creyendo que Dios no le abandonará. La oración de Moisés es modelo de la oración contemplativa. Él habla con Dios cara a cara y de esa intimidad, Moisés saca la fortaleza para interceder ante su pueblo.

 

                Los profetas sacan de la oración luz y fuerza para exhortar al pueblo a la fe y la conversión del corazón.

 

                Los Salmos son el vértice de la oración en el antiguo testamento. La palabra de Dios se convierte en oración del hombre. Está oración, inspirada por el Espiritu Santo, canta las maravillas de Dios en la creación y en la historia de la salvación. Los Salmos eran las oraciones de Jesús, por ello, siguen siendo un elemento esencial de la oración de la iglesia.

 

                Jesús aprendió a orar de su Madre, la Virgen María. Pero su condición de hijo de Dios hace que su oración con el Padre Celestial sea una comunicación filial. Jesús habla con su Padre de forma clara y cercana,  está cerca de Dios y sabe como dirigirse a Él. El evangelio nos muestra a Jesús orando frecuentemente. De hecho toda su vida es oración ya que está en constante comunión de amor con el Padre.

 

                Además de enseñarnos el Padre Nuestro, cuando el mismo ora nos está enseñando la disposición requerida para una verdadera oración:

 

-      La pureza de corazón, que busca el Reino y perdona a los enemigos.

-    La confianza audaz y filial, que va más allá de lo que sentimos y comprendemos.

-      La vigilancia, que protege al discípulo de la tentación.

 

El sentido de la oración cristiana tiene diversos fines, podemos clasificarla en la bendición y adoración, la petición e intersección, la acción de gracias y las alabanzas.

 

La bendición es el agradecimiento del hombre a Dios Todopoderoso por los dones recibidos.  La adoración es el reconocimiento del hombre de que Dios es su creador. La adoración se puede hacer postrándose de rodillas o inclinándose mostrando respeto.

 

La oración de petición puede tener un fin espiritual o material. Podemos pedir perdón o bien alguna necesidad material o espiritual. La intersección consiste en pedir a favor de otro.

 

La acción de gracias es la oración que todo cristiano debe practicar constantemente. En la Eucaristía lo hacemos especialmente, ya que damos gracias a Dios porque Jesús hace partícipe a la Iglesia de su acción de gracias al Padre.

 

La alabanza es una oración desinteresada. No tiene un motivo ni un fin. Se canta a Dios porque es Dios y se le da gloria por lo que él es.

 

La oración es un camino hacia Dios, y nuestro camino es Jesús. Por eso oramos al Padre en nombre del Hijo y nuestra oración sólo llegará a Él si al menos implícitamente oramos en nombre de Jesús. Un ejemplo lo encontramos en las oraciones litúrgicas cuando al terminar decimos “Por Jesucristo nuestro Señor”

 

                Puesto que el Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana, la Iglesia nos invita a invocarlo e implorarlo en toda ocasión:

 

¡Ven, Espíritu Santo!

 

                La Iglesia ama a la Virgen María y ama orar por y con Ella. La oración de María es una ofrenda generosa de todo su ser a Dios. Ella intercede ante su Hijo por las necesidades de los hombres. El evangelio nos entrega el “Magnificat” (Lc 1 46-55), que es el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia. Ella facilita el camino para alabar e invocar al Señor. Ese camino es su Hijo, el único Mediador.

 

                La Iglesia tiene multitud de oraciones dedicadas a María, pero es con el Ave María, con el que los católicos solemos pedir la intersección de la Virgen.  Otras oraciones marianas son el Rosario, que es un compendio de otras oraciones, el ángelus, etc.

 

                Cualquier momento y lugar es propicio para la oración, aunque la Iglesia nos recomienda unos ritmos de oración; mañana, noche, misa Dominical, Etc. En cuanto al lugar, aunque puede ser cualquiera, su elección tiene importancia. El templo es el lugar propicio para ello, también un Santuario, Monasterio o una rincón en el hogar destinado a ello nos pueden ayudar a orar.

 

Jesús nos enseño el Padre Nuestro, un día en el que un discípulo, al verle orar, le rogó. “Maestro, enséñanos a orar (Lc. 11,1)

 

Padre nuestro que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy

Nuestro pan de cada día;

Perdona nuestras ofensas,

Como también nosotros perdonamos

A los que nos ofenden;

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén